¿Cómo debe ser la relación entre el autor y el equipo de trabajo, dónde se sitúa cada uno?

Juan Valbuena: Como todas las relaciones, debe ser humana y de credibilidad, pero no significa que no haya un jefe… Y eso no es malo, si esa personalidad no se impone y se revela como el que más claro lo tiene, que sus ideas son mejores y el equipo es capaz de flexibilizar eso, el proyecto va a ir ganando. El jefe puede ir cambiando en cada fase del proyecto, en un inicio puede ser el autor, pero según van pasando fases y se acerca la producción final es otro el que toma el relevo. Creo que hay que ser bastante abierto y flexible, y es importante que haya entusiasmo y que la gente crea en lo que estamos haciendo porque no va a haber muchas oportunidades de crear muchos libros en nuestras vidas, de modo que si podemos hacer uno, hagámoslo bien.

Gonzalo Romero: Yo también hablaría de “voces autorizadas”. Por ejemplo, cuando se habla de la obra, la voz autorizada es el autor. No concibo la creación de un libro si en el momento en el que se está pergeñando no está presente el autor, editor, diseñador…, incluso el encuadernador y el productor, todas las voces autorizadas en cada parcela para lograr que eso sea coherente. Y yo meto al encuadernador en cuanto puedo porque hay soluciones de encuadernación que tienen que ver en cómo tú te acercas al libro, cómo dialogas con él y con la obra, y puede ser aventurado que esas decisiones se tomen por parte del autor o el editor, que no tienen por qué ser las voces autorizadas en encuadernación.

J.V.: El fotógrafo puede soñar, pero siempre se topa con alguna realidad, y está bien que exista algún límite y uno de ellos a veces es la comercialización. Hace dos años estuve en un taller con Michael Mack y una de las cosas que decía es “¿cuál es el tamaño final del libro?”, pero no lo decía tanto por una cuestión de pliegos y todo eso, no, ero por saber el estante donde se colocaría en las librerías que conocía, “porque si te pasas de esto, tendrías que… y ya no podría valer menos de X libras, por lo que…”. Si el papel es una limitación, ¿por qué no lo va a ser el dinero?. Hay que tenerlo en cuenta:  Todo depende de tu ambición y tampoco está mal ser ambicioso. Uno puede hacer un libro en su casa con pocas copias y tener un recorrido corto (cosa que a mí me gusta mucho) y que ni siquiera a los que nos gustan los libros los vemos, de lo minoritarios que son. La autoproducción con escasos recursos y limitada distribución es un camino, pero más de entrenamiento y de conocimiento del fotógrafo y de los mecanismos que una opción final que dé satisfacción. No lo sé, igual me equivoco, porque a la vez que digo esto están surgiendo mil pequeñas cosas relacionadas con la edición.

Eso puede ser una contradicción: un mercado limitado en el que vemos que nacen de cada vez más y más iniciativas…

G.R.: Como editores somos unos privilegiados, estamos en un momento muy interesante. Hace diez años, se decía que el libro digital iba a matar al libro, ahora con internet se dice que el modelo de comunicación que es el libro ha muerto, y estamos en un momento en el que se está cuestionando la función del libro, su distribución, la comercialización e, incluso, la esencia misma del libro, si tiene que estar unido al papel. Me encanta poder vivir este momento y ahora en España hay muchas inciativas de gente con muy pocos recursos que están plantando cara a editoriales muy potentes y lo hacen a base de tesón, trabajo, pasión y funcionando creativamente, poniendo el acento donde hay que ponerlo, que es en la calidad de la obra.

J.V.: Hace unos años, le decía a mi chica “tenemos que poner una librería de libros de fotos porque no hay”. En aquel entonces, excepto la ya desaparecida Babel en Madrid, había que ir a Barcelona a comprar libros y de repente algunas librerías como Pantha Rei empezaron a traer libros, crecieron, llegaron otras como Ivory Press, La Fábrica, Gloria,… No creo que toda esa gente no esté vendiendo nada, hay más oportunidades, e incluso alguno de ellos tiene un espacio de “autoeditados”… De modo que, ante el supuesto peligro de que el libro como tal desaparezca, entre medias están sucediendo muchas cosas, las estructuras se están haciendo flexibles. De todos modos, creo que el libro de foto tiene una ventaja respecto al libro digital, que es la paginación, la representación objetual… es algo que tiene más. Intuyo que por ello durará más, y el que tenga libros tendrá algo que no tendrá cualquiera.

G.R.: Yo soy fetichista respecto al libro, consumo libro de viejo, ediciones,… no llego a olerlos por al asma y alergias varias, pero si no sería un “oledor” de libros, pero pienso que es una cuestión de pertinencia del libro, que tendrá una secuencia, una narrativa, y si eso es en un formato digital, quien lo esté editando se tendrá que asegurar que se comnique de la forma adecuada. ¿El papel es absolutamente necesario? En mi opinión no, se están haciendo libros en formato digital en los que ése es el soporte más pertinente, y siguen siendo libros. Mi medio es el papel, pero no descarto hacer libros digitales, no necesariamente con una versión en papel, y eso me encantaría vivirlo, porque no olvidemos que como soportes (hardware) estamos en la prehistoria: no sé sabe muy bien lo que son, son carísimos e integran cosas como MP3, reproductor de vídeos,… y que no tienen en cuestión que la primera medida del libro es la palma de la mano, porque con ellas sujetamos los libros. Algo tan básico ni siquiera se ha puesto en marcha. Hay que rescatar cómo se comunica el libro con el ser humano, que es a través de las manos. En el momento en el que le pongas música y animaciones, no es un libro tal y como lo entiendo yo ahora. El libro puede tener un montón de cosas diferentes, doble página, hoja suelta,… pero tiene que tener dos cosas básicas: una secuencia y que esté enlomado, pero más allá de eso se extiende un territorio fértil para cualquier cosa.

J.V.: Creo que el propósito de utilizar narrativas superiores a la imagen suelta es algo que la gente necesita contar. Aquí no hay diferentes soportes en los que entender un medio, como fotografía digital o tradicional, aquí creo que la eliminación de uno de los soportes elimina el concepto de libro. No siempre los mejores soportes son los que ganan…

G.R.: Creo que el fenómeno al que nos referíamos antes del surgimiento de editoriales y otras iniciativas no es casual, creo que tiene que ver en parte con el fenómeno de internet, pero también que el libro para el fotógrafo sea una herramienta tan interesante está muy unido a que la relación del fotógrafo con la galería, con la feria, con las exposiciones,… son modelos que si no están extintos están por extinguir, porque se requiere mucho espacio para esas obras.

J.V.: Y el reto que supone escapar de la “foto suelta”, que es la primera fase del fotógrafo. La segunda fase ya es hacer proyectos, narrativas, pequeñas historias, seriaciones,… y esa fase te lleva a otro territorio. Por cierto, que esa primera fase es cada vez más accesible.

Patrick Le Bescont (Filigranes Éditions) nos comentaba que el libro sirve para situar al fotógrafo ante sí mismo, ante el público, las galerías y su propia obra.

J.V.: Eso es. La duda que surge es que si desaparecen los filtros, la industria, de tal manera que si abres el mercado en horizontal y tienes todos los libros a tu disposición en igualdad de condiciones, no sé si eso de tener un libro va a ser como era antes. Con esto no defiendo los filtros. Esto te colocaba porque habías pasado una serie de filtros; si tú editabas con tal editorial no era lo mismo que hacerlo autoeditado. Incluso hay quien pudiendo hacerlo con editoriales está prefiriendo autoeditar porque parece que ahora el mejor filtro es no tener filtro.

G.R.:  Supongo que preguntarles a las grandes editoriales sobre la autoedición es como preguntar por el pirateo a la Sociedad de Autores, son cosas que les ponen los pelos de punta.  “Autoedición” no supone la desaparición del editor, porque siempre hay alguien relacionado con los libros que puede ayudar a plasmar eso en forma de libro.

J.V.: Las editoriales se están cuestionando sus propios modelos, supongo que habrá editores que elijan cada uno de los libros que editan, pero habrá otros modelos intermedios que toleran autores que vienen, co-ediciones, pequeñas concesiones a cambio de algo… Por eso no todas las editoriales tienen una línea perfectamente definida.

¿Qué aconsejáis a la gente que le apetezca realizar un proyecto basado en un libro de artista?

G.R.:  A mí me encantaría encerrarme con una serie de fotógrafos que tengan un libro que tenga que ser repensado y producido y enseñarles a hacerlo, y ayudarles a hacerlo. Deberíamos ayudar a la gente a hacer sus libros y llegar, incluso, a cambiar las formas que tiene uno de pensar.

J.V.: Si alguien decide que tiene ya un cuerpo de trabajo suficiente para hacer un libro, se tiene que poner, pero ha de ser muy consciente que seguramente va a necesitar ayuda. Editar, no esa fase de elegir, si no convertir eso en un objeto libro, necesitará seguramente, alguien que ya haya hecho libros y en algún momento un diseñador, y luego echar cuentas con el mundo real, es decir, qué quiere, por qué lo quiere y cuánto cuesta; que piense todo el proceso de una manera global, que su trabajo no es sólo hacer las imágenes sino tiene que estar preocupado de dónde llegan sus imágenes, cómo ser visto,… pero que no tengan miedo de que por construir un equipo de trabajo sea menos suyo, y que tenga en cuenta que estamos creando un objeto que dura en el tiempo.

G.R.: A mí hay un momento que me engancha a esto. Yo estoy presente en todas las fases del libro y, a pesar de los años que llevo haciendo libros, y aún así, cuando voy al encuadernador y me enseña el libro, hay un momento de descubrimiento, de sorpresa, que a mí es lo que más me tiene enganchado, que tiene mucho que ver en la fotografía con el momento en que aparece la imagen cuando revelas.

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