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Pasar por momentos tan excepcionales como fue el diálogo con Gonzalo Romero (Siete de un Golpe) y Juan Valbuena (miembro NoPhoto, entre otras cosas) es un buen motivo para escribir en un blog. Sabemos que en internet un exceso de texto puede ser un pecado mortal, pero en este caso nos saltamos esa “ley” para haceros partícipes de aquel magnífico diálogo. Como es un documento largo, lo hemos dividivo en dos entregas que publicaremos consecutivas.

More Than: ¿Qué es Siete de un Golpe?

GONZALO ROMERO: Siete de un Golpe es un taller de edición de arte que hace producción de obra, hacemos exposición y coordinación de exposiciones, hacemos libro de artista y, en breve, abrimos editorial. Dentro de la editorial habrá dos líneas: una será lo que todos conocemos como una editorial, donde se publicarán una serie de libros al año, impresión bajo demanda, selección de autores (no sólo de fotografía). La otra línea será de autoedición, que está relacionado con mi experiencia, que es coordinar y ayudar a la gente que tiene la obra pero que no sabe cómo convertirla en un libro.  

MT: ¿Qué es, en líneas generales, un libro de artista?

JUAN VALBUENA: Es un libro en el que el artista toma todas las decisiones, es decir, al final el libro es una manera de gobernar tus imágenes. El artista que es capaz de dar el siguiente paso hacia una unidad narrativa superior, que es el libro, si es capaz de ponerse a domar sus propias imágenes, eso ya es un libro de artista. ¿Qué ocurre? Que hay muchos artistas que se ayudan de otra gente, de otros editores, aunque eso no lo dejaría de denominar un libro de artista. Puede haber muchas cosas consensuadas e incluso cosas que no sé hacer y prefiero que las haga otro, pero si decido que lo que han hecho es lo que entra, es tan mío como si hubiera participado. No creo que eso se tenga que convertir en una pelea, en una cosa que hace una sola persona que es el artista. Veo claro que a veces ese artista necesita ayuda y es bueno que la tenga, en ese combate es donde el libro puede ganar si se entienden, pero las decisiones finales son del artista, del que provee los contenidos, y esas decisones finales pueden ser delegar, que es una decisión como cualquier otra. Si toma todas las decisiones, ése es su libro, es el libro que quería hacer, más o menos libremente. Siempre hay condicionantes, pero se trata de que en un mundo ideal no tener casi condicionantes. ¿Podría ser una obra, una pieza artística? Podría ser, pero eso ya se me escapa un poco. Pero si está acabado es una unidad narrativa superior, no es una obra suelta; ya ese artista está preparado o quiere dar el siguiente paso: ya no escribe verso libre, escribe novela y para ello se ayuda de quien sea porque lo que quiere es otra cosa. Ése es todo un trabajo, meses o años incluso. Si lo haces te va a colocar en otra perspectiva, respecto a tu propio trabajo y respecto al de los demás. Cuando eres padre comprendes a tu padre, cuando haces libros comprendes a los que hacen libros.

G.R.: Creo que el problema es que cuando definimos el libro de artista definimos de más. Aquí, sobre todo por modelos que nos están importando que quizá no son los más adecuados, se está confundiendo el libro de artista con el libro-objeto… Cuando tú llamas a un autor y le dices “te voy a hacer un libro, vamos a tomar esas fotos que nunca estuvieron del todo bien editadas, y luego vamos a hacer una caja de titanio, vamos a hacer 3 y las vamos a vender a 100.000€…” Éso no es un libro de artista, éso es una edición bibliófila. Para mí el libro de artista, si tuviese que definirlo, probablemente sería un proyecto que no tiene por qué ser personal, puede ser colectivo, que nace ya con un espíritu de libro, que es autoeditado (eso es muy importante, la figura del artista es básica a la hora de producir un libro) y su categoría de libro de artista no responde a las circunstancias de producción, es decir, se puede hacer un libro de artista con una impresora toner de 30€ o con papeles baritados y la mejor encuadernación. Lo que sí es importante es que el artista sepa delegar y hallar el modo de vincular ese trabajo con las personas adecuadas; no hay por qué pedirle que sepa cuál es la mejor técnica a la hora de encuadernar o de imprimir, simplemente hay que preguntarle qué espera conseguir y, a partir de ahí, interpretarlo. Un error típico es que llegue un diseño que sea ingobernable en producción y en edición sea imposible porque no ha sido bien concebido… si se hace un libro, hay que respetar los por qués del libro, porque un libro tiene una secuencia, una narrativa, un lomo (por lo que estás atado a un pasar de páginas -si no es un libro-objeto-) y tiene que adecuarse a las circunstancias de encuadernación: si se tira en pliego, en hoja suelta,… y eso hay que conocerlo para poder hacerlo porque si no no cierras, te quedas lejos de lo que pretendías y para eso hay gente que sabe hacerlo.

MT: ¿Cuál es el proceso a seguir en la creación de un libro de artista?

J.V.: Lo primero es tener las imágenes y tener una voluntad de querer hacer un libro. ¿Qué es un libro? En general, hay libros con fotos y hay libros de fotos. Los primeros son los catálogos y los libros que tienen fotos dentro, y luego hay libros de fotos que son… esos que nos gustan, en los que todo ha funcionado, en los que esa persona que tenía un buen material, o es muy hábil y lo ha sabido resolver bien, o ha hecho un equipo y todos se han puesto a trabajar a una: vamos a hacer el libro. ¿Él ha controlado el proceso? Seguramente, ¿ha delegado? Seguramente.. pero es importante que haya un equipo de trabajo que tenga claro qué hace bien cada uno… y a veces de la idea inicial al resultado final cambian cosas, pero seguramente cambian a mejor. Ésa es la secuencia: 1) tener una buena materia prima, 2) Darse cuenta de que es probable que sólo no lo puedas hacer, 3) Buscar a los que lo puedan hacer contigo; con dinero es más fácil pero sin él también puede ser: el trueque funciona, a veces a la gente le gusta trabajar con otra gente… Es muy dificil: ¿cuántos libros hay? Pocos, ¿cuántos libros buenos, buenos, buenos hay? Muy pocos, en los que funcione todo, en los que haya un tono (nosotros hablamos mucho de esto, el libro tiene que tener un tono, y lo tiene que marcar el fotógrafo).

MT: Es decir, ¿que el éxito (o lo contrario) de la idea es responsabilidad del artista?

J.V.: También hay contraejemplos en los que el editor ha advertido un tono que el fotógrafo no veía, porque a veces los fotógrafos emitimos en varias frecuencias y necesitamos que alguien desde fuera nos diga la que está bien para nosotros… que nos digan “de todo lo que tienes aquí, con esto ya lo cuentas”. De eso a veces el fotógrafo no se da cuenta y es el editor el que lo hace. En literatura los editores funcionan así: reconducen, incluso en algunos mercados se meten mucho. El editor se lo tiene que creer y te tiene que ayudar.

G.R.: Para mí hay otra categoría más: hay libros de fotos, libros con fotos y libros. ¿Por qué libros? Porque muchas veces un libro puede estar apoyado por textos o por otros recursos y, sin embargo, llegas a tal punto de coherencia que uno es incapaz de definirlo… pero es un libro antes que nada y eso a mí me gusta. Y creo que hay un punto en el que cuando el editor dice: “Creo que en el libro el enfoque que estás manteniendo no es el más adecuado”, no creo que eso sea una usurpación de la autoría, en todo caso es un diáologo y está en manos del autor aceptarlo o no.

MT: De modo, que la distancia a la que se mantiene el editor respecto al libro es para eso…

G.R.: Sin duda. Palabras como tono, ritmo, coherencia o distancia, son recurrentes dentro de la edición. La distancia frente a la obra, es porque es importante que el editor y/o el diseñador no se conviertan protagonistas, que sepan cuál es su papel en la edición de un libro, pero tanto en el caso de Juan como en el mío, que somos editores-autores, aprendimos a hacer libros haciendo nuestros libros. Para mí es importante que el ejercicio sea doble: al igual que tienes que saber lidiar con tu obra, con el ego,… tienes que saber hacerlo con la obra ajena y saber canalizar el deseo que tiene el autor de convertir eso en un libro y hacerlo de la mejor manera posible.

MT: ¿Quiénes son los referentes en esta clase de piezas artísticas?

J.V.: Hay autores que funcionan con cierta regularidad y, dándole la vuelta, también hay editores que lo consiguen. El ejemplo maestro es Steidl, que es un editor que tiene los recursos suficientes con los que ha creado un micromundo en el que todos los fotógrafos del planeta quieren vivir. No sé cómo es la fórmula que utilizan. Podían haber caído en la forma de hacer los libros como con una máquina de churros, pero lo han hecho de tal modo que casi todos los libros son muy respetables, luego los autores te gustarán o no… Hay una entrevista en el libro “Creadores de imágenes” que cuenta cómo funciona él y es un modelo interesante. ¿Cuál es la trampa? Que es un modelo que está sostenido comercialmente por otra cosa y además es editorial e imprenta, un modelo que aquí no hay: una imprenta que se atreviera a ser editorial.

MT: En ese caso concreto, ¿creeis que el autor tiene la suficiente independencia para crear el libro que quería?

J.V.: Es lo que me pregunto. Supongo que hay un filtro, una línea editorial… pero debe ser muy satisfactorio porque todos quieren ir. Autores con gran ego pasan por allí alegremente y por dinero tampoco es, así que algo les debe dar el Sr. Steidl.

MT: ¿Más ego todavía?

J.V.: Algo habrá: te quito esto por aquí, te doy otra cosa por otro lado… Es un modelo interesante: un tipo tiene una imprenta, que utiliza comercialmente para otra cosa, pero le gustan los libros e invita a autores a usar su infraestructura para crear obras, y ha creado un cuerpo de trabajo brutal y un catálogo inmenso y creciente. Lo extraño es que los libros de fotografía no se venden mucho, ni siquiera los fotógrafos los compran, los compramos cuatro. Hace años fui a Actar y me dijeron: “nos gustan mucho los libros de foto, pero no se venden, en cambio los de arquitectura…” ¿Por qué? Porque hay planos, hay información,… hay valores añadidos, y el libro de foto tiene un tiempo de consumo cortísimo, de modo que si lo quieres comercializar hay que meterle valores añadidos: textos mejores, extras,…

G.R.: “Editar” es una palabra polisémica, hay quien dice que es fiananciar, o si preguntas a alguien que hace video es una cosa totalmente diferente, o puede ser trabajar una fotografía. Para mí editar es una toma de postura, construir un criterio, definir una línea editorial… Y eso lleva implícito cómo se comercializa. Lo que busco en Siete es editar lo que nos gusta pero también hacer posible que las obras salgan. Ahora hay herramientas como la impresión bajo demanda, el offset digital o herramientas de autoedición que permiten a cualquiera hacerse un libro. ¿Distribuirlo? Blogs, canales a través de internet… éso ya no es un problema. El único problema es que la obra se sotenga, que eso sea un libro y no unas imágenes pegadas. Nosotros estamos muy implicados en promocionar la autoedición, diciéndole a la gente cómo puede hacerse un libro. Un dibujante, un ilustrador, un fotógrafo, debería poder conocer cuáles son los códigos y los usos para hacerse un libro. No es una cuestión de precio, de comercialización, es una cuestión de que nosotros, como editores, nos hagamos responsables y decirle al autor que no existen ciertos impedimentos, que no es caro, que no tienes por qué hacerte 500 ejemplares, tener problemas de distribución, pasar por canales muy duros que te hacen hablar con gente que maneja otros códigos absolutamente diferentes del tuyo,… creo que eso ya no es impedimento… Por no hablar del libro digital, que es un paso más allá, que abre lo que abrió la fotografía digital.

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Este gran trabajo de Paul Graham explora la dificil situación de la comunidad afroamericana en EEUU a través de un libro de 63 imágenes. El autor nos enfrenta a 43 fotografías veladas en espacios intersticiales, como canchas de baloncesto, bordes de carreteras o aparcamientos donde deambulan y espera esta población. Mientras intercaladas nos enseña el espejismo de la clase media a través de imagenes de sus casas frías e idénticas. Y en medio Graham presenta a hombres y mujeres afromaericanos con imagenes muy intensas donde el sufrimiento físico y mental es la tónica.

Graham nos hace ver con fuerza y sutileza las desigualdades ignoradas en una sociedad que parece pudrirse por momentos. El juego blanquecino y de color deslumbrante es un recurso estético muy bueno que nos envuelve y traslada a los límites de la sociedad de EEUU.

En el intervalo habido entre nuestra última publicación de Convocatorias hemos conocido algo que no podemos dejar de mostrar:

-Becas de la Academia de España en Roma: Prestigiosísimas y codiciadas becas que posibilitan una experiencia única para ciudadanos españoles e iberoamericanos en las áreas de fotografía, arquitectura, restauración, investigación,… Hasta el 4 de febrero.

 

The singled person es una idea donde 8 fotógrafos (Michael Ackermann, Morten Andersen, Thorsten Kirchhoff, Peer Kugler, André Lützen, Hisashi Murayama, Filippo Romano) exhiben sus trabajos a través de 8 proyecciones simultáneas que se adaptan al espacio expositivo junto con la edición de un libro con el mismo nombre editado por Schaden. Un proyecto intenso y emocional que dialoga entre la visión singular del fotógrafo y el mundo que le rodea.

Fotografía: Morten Andersen

Fotografía: André Lützen

Fotografía: Hisashi Murayama

Fotografía: Lorenzo Castore

Fotografía: Peer Kugler

Fotografía: Michael Ackerman

Fotografía: Filippo Romano

Fotografía: Thorsten Kirchhoff

Hace tiempo que queríamos hablar de la faceta de la fotografía relacionada con el Land Art, una de sus más complejas utilizaciones a nivel conceptual (¿qué es la obra: la escultura, la foto, la foto de la escultura?). Sin querer entrar en el debate, elegimos la obra de uno de los artistas más representativos del Land Art: Andy Goldsworthy. Paradójicamente, este artista va más allá de la fotografía y complementa sus creaciones con delicados vídeos que uno no puede más que agradecer su existencia. La sublime obra de Goldsworthy conecta dos extremos que confluyen en el ser humano: el anárquico equilibrio natural y la ordenada geometría racional.

No hemos encontrado una web oficial de Andy Goldsworthy, pero sí un interesante proyecto sobre su obra, para acceder pincha aquí.

Comienza el año y un montón de propósitos, ¿verdad?. Pues si entre ellos está dejarte ver un poco más, aquí te vamos a facilitar un poco tu misión. Ahí van unas cuantas ideas:

– EL INVERNADERO: Este proyecto es especial porque algunas de las caras que están sacándolo adelante son cercanos a este blog y, claro, nos gusta. Además pocas convocatorias otorgan 12 becas para desarrollar un proyecto de forma autónoma y asesorado por grandísimos de la fotografía como Xavier Rivas, entre otros. hasta el 30 de enero.

– VITRINAS Y PANTALLAS: El ACVic busca creadores que reflexionen sobre el concepto “datos y terriotrios” para incluirlos en el programa expositivos del centro utilizando un espacio físico (la fachada acristalada del centro) y un espacio virtual. Hasta el 6 de febrero.

– FOAM TALENT: Quinta edición de una de las citas más esperadas. Las bases, fieles a sí mismas, vuelven a solicitar 2 proyectos con un máximo de 20 imágenes, CV,… todo en un archivo ZIP. Hasta el 17 de abril.

– CAMPO ADENTRO: Agradable sorpresa ha sido encontrarnos con ésto, una convocatoria seria. El objetivo es desarrollar una propuesta artística que reflexione sobre la relación rural-urbano, modos de representación artística de lo rural, etc . Hasta el 10 de febrero

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